El retorno de Peter: cuando el mando tiene miedo

El retorno de Peter: cuando el mando tiene miedo

Este no es un artículo sobre la incompetencia sino sobre lo que le sucede a un incompetente cuando es nombrado para un cargo sin tener la preparación adecuada. Acepta voluntariamente pero va actuando de acuerdo a su falta de formación técnica y personal. Se van analizando distintas situaciones en las que el protagonista va mostrando cómo repercute en la organización y en su equipo su falta de adecuación al puesto.

(Javier García García. Unidad de Calidad y Seguridad del Paciente, Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria. Santa Cruz de Tenerife).

“En una jerarquía todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia” (Laurence J. Peter).

En este artículo Peter no es un estudioso de la incompetencia, sino que es el propio incompetente de la historia. Se trata de un personaje inventado y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, aunque el lector pueda encontrar varios rasgos de algún Peter que conozca.  Peter ha sido “colocado” (es el término exacto, las comillas son para destacarlo) en un cargo de responsabilidad en una empresa de servicios por amistades, por cuota o por casualidad y Peter ha aceptado el cargo que, por cierto, no era obligatorio. El problema es que Peter no tiene ninguna formación ni experiencia en el objeto de la empresa, lo que no ha parecido importar mucho a nadie en su nombramiento ni a Peter en aceptarlo. Por el contrario, el equipo de Peter sí tiene formación, experiencia y competencia y, por tanto, hay una clara disociación entre Peter y su equipo, equipo que no merece.

Además, Peter es pusilánime, persona falta de ánimo y valor para tomar decisiones o afrontar situaciones comprometidas. La indecisión de Peter es tal que jugando al ajedrez no podría pasar de la primera jugada porque son demasiadas posibilidades para él. En cuanto al miedo, es el rasgo distintivo de Peter: todo miedo, agobio, angustia, recelo y aprensión, y en algunos casos, terror o un miedísimo infinito. La respuesta esperada de Peter será miedo casi siempre, pánico alguna vez y agobio siempre.

No todo es malo en el mando de Peter. Son dos las cosas buenas:  Peter deja trabajar a su equipo (mejor que lo haga, él no sabe) y Peter es honrado, en parte por convicciones del propio Peter y en parte por el pánico judicial que tiene, quizá el mayor de sus miedos.

Se describen a continuación las características del mando con miedo de Peter y las repercusiones en su equipo, que tendrá que arrastrar un fardo muy pesado:  el propio Peter.

El punto vulnerable

La vulnerabilidad de Peter es evidente y la detectan   elementos externos, trabajadores de la empresa y usuarios, y todos ejercerán presiones sobre Peter para conseguir rentas y beneficios. Podría suceder que elementos externos quisieran proteger intereses de amigos suyos que trabajan en la empresa de Peter y que corren el riesgo de perderlos.  Inician una gran presión sobre Peter, que tiene miedo y no sólo no filtra (ni denuncia) esas presiones, sino que hace transferencia de estrés a su equipo y les envía unas cuantas bombas de racimo de nerviosismo para librarse de su terrible temor. Finalmente, los elementos externos fracasarán claramente en su empeño; pero Peter habrá dejado una buena cosecha de estrés entre los miembros de su equipo y a aquellos elementos les saldrán gratis sus manejos e injerencias.

Los trabajadores de la empresa también detectan la vulnerabilidad de Peter y pueden intentar la defensa de sus intereses obviando los conductos reglamentarios. Periódicamente, Peter asume un papel pseudopaternalista y pseudocarismático. Se cree ilusamente capaz de triunfar; pero no es capaz de clasificar correctamente los temas ni de dirigir a los trabajadores o a la persona encargada del equipo, lo que causará confusión. Peter es habitualmente un “0 a la izquierda” pero en esas y otras situaciones puede convertirse en un “0, a la izquierda”, peor que un “0 a la izquierda”. Ya dicen que la entrada al infierno está empedrada de muy buenas intenciones. Los propios usuarios detectan en Peter un punto vulnerable y eso desembocará en el triunfo de la anécdota.

El triunfo de la anécdota

Es consecuencia de las presiones de usuarios sobre Peter, que en este caso no hace transferencia de estrés sino que cumple con creces la tercera Ley de Parkinson o ley de la trivialidad: “El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia”.

Peter tiene miedo de desagradar a algún usuario porque siempre es temeroso y medroso. Peter da importancia a temas bastante intrascendentes, realmente anecdóticos, banales e insustanciales, y se los traslada a su equipo como si fueran algo esencial y fundamental, causando interferencias en el trabajo sobre los temas principales que Peter no puede comprender. En este caso no hay transferencia de estrés sino que Peter se convierte en el Capitán Trueno o el Guerrero del Antifaz en defensa de unos intereses anecdóticos y, en ocasiones, egoístas. Por ejemplo, Peter decide defender con insistencia la petición de alguno de que se entreguen caramelos de menta a los usuarios de la empresa, empezando (¡claro!) por él mismo. Los caramelos de menta para los usuarios se convierten en un tema esencial, en una línea estratégica de la gestión de Peter. En pequeña cuantía los triunfos de la anécdota de Peter pueden causar hilaridad y hasta generar simpatía; pero cuando Peter intenta de forma insistente e impertinente convertirlos en temas centrales generan irritación y hastío. Peter reitera sus anécdotas y finalmente habrá caramelos de menta para los usuarios, aunque Peter no entienda por qué ni para qué se entregan.

El triunfo de la anécdota también puede desembocar en una sesión de estrés caótico. Por ejemplo, Peter tiene amontonados múltiples papeles porque Peter es desordenado aunque él crea lo contrario. En un determinado momento los superiores de Peter solicitan una información que ya habían pedido previamente (en uno de los papeles que Peter tiene guardados); pero Peter no localiza el documento. Finalmente, después de una buena sesión de estrés caótico padecida por el equipo de Peter, entre los caramelos de menta y los bolígrafos de tinta azul aparece el documento perdido. A partir de ese momento Peter transferirá a su equipo todo material que le llegue, bolígrafos y publicidad de restaurantes de pizzas incluidos. Tiene miedo de volver a errar.

Incompetencia irremediable

Peter tiene que trasladar todos los temas a su equipo porque no llega a escribir ni un adjunto remito y Hamlet comparado con Peter sería un hombre de sólidas certezas. Peter se parapeta y atrinchera en su despacho y su presencia se hace superflua, que es lo que realmente quiere.

Además, Peter se ajusta con precisión al sesgo cognitivo descrito por Dunning y Kruger: los individuos incompetentes tienden a sobreestimar su propia habilidad y son incapaces de reconocer su extrema insuficiencia. Peter encuentra mecanismos para huir del trabajo y se agarra (más adelante, se aferra) a frases que utiliza como muletilla para escapar: “yo no soy abogado”, “yo no soy economista”  u   otras  similares, como si el desconocimiento   eximiera de las responsabilidades. A pesar de todo, Peter alcanza la cima de su incompetencia cuando pretende ser creativo o resolutivo. En ese caso se convierte (como se comentaba en el apartado ‘El punto vulnerable’) en “un 0, a la izquierda”, empeorando su situación habitual de “0 a la izquierda”.

Medallas para Peter

Peter en un determinado momento alcanza una situación de confort y de equilibrio. Traslada cualquier problema o presión a su equipo, que la resuelve con solvencia y con poco agradecimiento por parte de Peter.  La muletilla “yo no soy...” parece que le funciona a Peter y su propio equipo intenta evitar que Peter tome decisiones que no sólo será incapaz de ejecutar y asumir, sino que además pueden generar un problema que tendrán que resolver ellos. En algún momento surge una situación que altera el equilibrio de Peter: sus superiores le solicitan una información importante. Peter cae presa del pánico:       tiene que responder y no sabe. Después de bastante tiempo y mucha paciencia, su equipo consigue que entienda la respuesta. Peter acude a la reunión con sus mandos y vuelve muy satisfecho: ha conseguido responder con lo que le explicó su equipo y, además, ¡le han felicitado! Peter no ha hecho ni una mínima mención a su equipo. Peter ha conseguido salvar su miedo y se ha apropiado de una medalla con el esfuerzo de otros.

Huida y deserción. El egoísmo del pánico

Como se ha comentado, Peter huye de sus responsabilidades y se las transfiere a su equipo apoyándose en su frase talismán “yo no soy…” Al parecer esa frase no fue válida para no aceptar el cargo cuando se lo ofrecieron; pero sí lo es cuando hay que empezar a dar respuestas, cuando el miedo llega, el terror acecha y los temores se acercan. Peter conjuga de forma habitual y también en situaciones excepcionales el verbo desertar,   que significa abandonar las obligaciones o los ideales.

Peter ejecuta dos tipos de deserción: la sistemática o habitual y la reservada para situaciones excepcionales y difíciles. La primera es la que aplica Peter en el ejercicio de su cargo de forma diaria y habitual: como no sabe, transfiere el tema a su equipo, que es el que tiene que solucionarlo.

Hay además otro tipo de deserción para Peter: la deserción en situaciones excepcionales y difíciles, esas en las que hay que acompañar a los trabajadores de la empresa para que sientan apoyo y no tengan en ningún momento sensación de desamparo y abandono.  Estas situaciones son las que superan totalmente a Peter, que sufre un ataque de inseguridad, desasosiego y pánico, huye pavorosamente de escena, escapa del peligro, abandona a sus soldados en el campo de batalla y, si le llaman de algún sitio, se aferra a su frase salvadora “yo no soy…” y le pasa el problema a alguno de su equipo, que se ve allí solo lidiando con el tema. El conjunto forma el egoísmo del pánico, la espantada de Peter después de una situación difícil, uno de esos comportamientos que no se olvidan y que dejan huella.

Superviviente

A pesar de su desconocimiento y limitaciones, no hay que subestimar a Peter. Es dúctil y maleable, se adapta. Peter es un superviviente, no se ha desgastado en el mando (ha desgastado a otros) y ha conseguido transferir todo su estrés a los demás, de modo que a él ya no le queda nada, y algunas de sus anécdotas han triunfado y puede presumir de ellas. En los momentos complicados son otros los que han tenido que dar la cara y Peter ha huido hábilmente (y a la desesperada) del peligro.  En resumen, Peter ha quedado preparado para estar otra vez en la línea de salida en el cargo en el que le coloquen la próxima vez.

Repercusiones en el equipo de Peter

Los miembros del equipo de Peter han sufrido los efectos de los miedos y temores de Peter. En primer lugar, han sufrido las transferencias de estrés de Peter, sus bombas de racimo de nerviosismo, consecuencia de las presiones de algunos elementos externos. En segundo lugar, han soportado las anécdotas de Peter, sus ocurrencias intrascendentes, irrisorias en poca cuantía e irritantes cuando interfieren con proyectos importantes que Peter no entiende. En tercer lugar, Peter se ha puesto medallas conseguidas con el esfuerzo y el trabajo de otros. Y,    finalmente, Peter no afronta correctamente los momentos difíciles y deserta de forma oportunista dejando abandonados a sus soldados en el campo de batalla. En resumen, el equipo de Peter ha tenido que arrastrar un fardo muy pesado, el propio Peter.

Los miembros del equipo de Peter acaban saturados con los temores y anécdotas de Peter; pero lo que finalmente acaba provocando Peter es un considerable agotamiento emocional, un gran cansancio por los miedos, temores y huidas de Peter.

Una vez finalice esa etapa, Peter seguirá siendo colocado en otros puestos y su comportamiento seguirá siendo el mismo. No le ha ido mal hasta ahora.

Conclusiones

  • Del agua mansa líbreme Dios, que de la brava me libraré yo.
  • El mando debe corresponder a personas con formación, conocimiento y experiencia en el objeto de la empresa sin hacer excepciones ocasionales u oportunistas.
  • El mando con miedo es el punto vulnerable, el triunfo de la anécdota y el que se pone medallas de otros. Pronto aparecen la huida y la deserción del mando, el egoísmo del pánico.
  • El mando con miedo acaba saturando y agotando a su equipo; pero tiene una gran capacidad de supervivencia.
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