El líder ausente

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Me he encontrado en mi trabajo como coach, con líderes que se encuentran en algún punto entre dos extremos: el extremo del QUÉ, centrados en objetivos, procesos y resultados, con foco en tarea, exigentes en el ordeno y controlo, poco empáticos, y el extremo del QUIÉN, centrados en las personas, con el foco en la relación, buenos preguntando y escuchando, que dejan hacer, evitan conflictos, exigen poco y buscan la armonía. Los líderes eficaces suelen estar en una posición intermedia, de equilibrio entre el foco en la tarea y el foco en las personas.

Y también he encontrado líderes que parecían estar en el extremo de las personas, pero que no generaban los beneficios de engagement, motivación y relación que sí lo hacían otros líderes con ese foco. Parecían estar ahí, porque se mostraban amables, no levantaban la voz, eran de trato suave, pero no dedicaban el tiempo y el esfuerzo a preguntar, escuchar, interesarse por problemas, apoyar en la soluciones, ofrecer consejo... en suma, a ser proactivos en construir la relación. Son los líderes ausentes.

Líderes que se centran en sus responsabilidades operativas, y que dejan que las cosas ocurran a su ritmo, que las personas hagan lo que quieran, que no marcan dirección, no felicitan ni corrigen, no revisan salvo cuando es estrictamente necesario. Son líderes reactivos, que renuncian a su responsabilidad de orden y control, excepto cuando no hay más remedio, y también a su responsabilidad de relación con el equipo. Son líderes que delegan y no controlan, que renuncian a gestionar el equipo con la excusa de la confianza total y el empoderamiento sin límites.

Las estructuras planas, matriciales, la libertad de horarios, la no-presencia, el empoderamiento y la movilidad son el camuflaje corporativo perfecto en el que los líderes ausentes pueden esconderse y dejar que las cosas pasen sin aparecer.

Los síntomas del líder ausente son la falta de decisiones, la poca asertividad, el dejar que los subordinados hagan sin coordinar ni marcar dirección, no confrontar el bajo desempeño, dejar que los conflictos se enquisten, mantener poco contacto cara a cara y gestionar por pantalla interpuesta (preferencia por email, WhatsApp, móvil, y videoconferencia como último recurso), reuniones poco eficaces en las que no se toman decisiones, búsqueda infinita del consenso...

Los efectos de un líder ausente suelen ser la falta de engagement del equipo, baja involucración, proyectos duplicados o contradictorios, retraso en las decisiones, procesos confusos, responsabilidades solapadas, pérdida de energía y foco en el equipo, lo que produce los más altos índices de insatisfacción en el trabajo a largo plazo (2 años), mayores que el líder tiránico que explota al equipo en favor de los resultados

(Aasland, M.S., Skogstad, A., Notelaers, G., Nielsen, M.B., & Einarsen, S., (2010). The prevalence of destructive leadership behaviour. British Journal of Management, 21(2), 438-452.).

 

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